La previsible reforma de las pensiones está en marcha con las exigencias de la UE convertidas en recomendaciones del Pacto de Toledo y contando, una vez más, con la activa colaboración de los llamados “sindicatos mayoritarios” -parte indispensable del estado desde hace décadas- y ejecutada por este gobierno, que podría ser otro, en medio de una pandemia que dificulta nuestros debates y nuestras movilizaciones.

El secretismo forma parte del paisaje: el texto se ha convertido en un secreto casi de estado; para su análisis tenemos que bregar con lo conocido a través de declaraciones y entrevistas, desconociendo su forma concreta. Podemos deducir qué urden ya una campaña de propaganda y desinformación que nos convenza de lo inevitable de su macabra opción: resignarnos a una jubilación con pensiones mínimas y complementos dependientes de la gestión que hagan sindicatos y bancos, a través de fondos de inversión que pueden ganar o perder lo invertido por nosotros los trabajadores; además de aumentar la edad de jubilación.

El dinero de las pensiones, detraído de nuestro salario, pasa a convertirse en una pensión/limosna mínima del estado y en un dinero manejado por fondos financieros ¿Les parece que es un asunto de jubilados o personas próximas a la jubilación?  Necesitamos con urgencia organizarnos todos los trabajadores porque todos, recién incorporados al mercado de trabajo y pensionistas, somos los protagonistas posibles en la escritura de nuestro presente y nuestro mañana.

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