El supuesto “cribado” realizado por la Conselleria de Sanidad en la zona de salud de Son Serra, que atiende 10 barrios y 27.000 personas mayores de 16 años, ha tenido como resultado la realización de 4.245 test, el 15,72% de esta población, detectándose 56 positivos, el 1,32% de las pruebas realizadas. Pero eso supone que se han dejado de detectar al menos 300 contagios, sin contar con los menores de 16 años.

En vez de un cribado se ha hecho un simple muestreo, tan ineficaz como escaso de recursos, con solo 6 días y 7 mesas para 27.000 personas. Se pone de manifiesto como las instituciones públicas, que tienen toda la responsabilidad en adoptar medidas eficaces para garantizar la salud colectiva, en plena emergencia, cargan sobre la ciudadanía la responsabilidad de atajar contagios. En un cribaje riguroso, una administración responsable asumiría la función de detectar todos los positivos y cortar contagios, poniendo los recursos necesarios;  en el muestro voluntario es el ciudadano quien decide si acude a hacerse la prueba y ni siquiera se crean condiciones favorables para la participación, siendo la misma ciudadanía la que tiene que luchar por una mejor ubicación del punto de pruebas y sufrir colas de una hora bajo el frío y la lluvia, en cualquier edad y condición física.

Pensemos a dónde nos lleva el fomento del individualismo, el vacío de autoridad y el descrédito institucional que supone la descarga de responsabilidad en la ciudadanía. Las consecuencias irán más allá del virus.  

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